La moda rápida es un problema para el medio ambiente, pero también lo es para países africanos que reciben toneladas de ropa vieja cada año. Según un informe reciente, la Unión Europea envió más de 112 millones de prendas usadas a Kenia en 2021, de las cuales al menos 56 millones eran inservibles. 

Estos envíos de ropa usada a menudo terminan en vertederos y en la naturaleza, creando graves problemas de contaminación. La quema de ropa también es común en estos países, lo que libera sustancias tóxicas en el aire y aumenta los riesgos de salud para las personas locales.

En los últimos 70 años, el precio de la ropa en los países de la UE ha disminuido drásticamente. Esto ha llevado a un aumento del 60% en la compra de ropa en los últimos 15 años, con una estimación de 15 kilos de textiles desechados por cada ciudadano de la UE cada año, según la Agencia Europea de Medioambiente. 

Una de las razones de esta reducción de costos es el uso creciente de materiales sintéticos más baratos, como el poliéster y el nailon.

Entre el 20 % y el 50 % de la ropa que se destina a África es inservible. No se puede aprovechar por estar dañada, manchada o ser inapropiada en sus culturas. Así que algunos receptores de estas prendas, la usan de combustible. La quema de este material plástico trae consigo unos efectos tóxicos que perjudican seriamente a la salud humana, así como al medio ambiente, ya que esas cenizas se depositan y llegan a los océanos. 

Por lo tanto, un cambio de hábitos en el consumo de ropa se hace urgente. El actual fast fashion es inviable, y el planeta ya ha comenzado a no poder soportarlo. Necesitamos modelos económicos como el circular, donde se ponga en valor la vida de la ropa, más que en su precio y tendencias. Comprar y vender ropa de segunda mano, reutilizar prendas y reparar en vez de tirar, es imprescindible.